En la agencia me llaman la estadounidense asturiana.
Nací en Iowa, me formé en lingüística y vine a Oviedo para pasar un semestre… que, sin darme cuenta, acabó marcando mi vida.
Entre medias trabajé para varias empresas de California desarrollando chatbots, justo cuando empecé a entender algo que hoy es evidente: el futuro pasa por cómo las personas se comunican con la tecnología.
Al volver a España seguí especializándome en inteligencia artificial y ese camino me llevó a RK Iglesias, donde ahora formo parte del departamento de IA e internacional, ayudando a conectar personas, mercados y tecnología.
En mi tiempo libre sigo dando clases de inglés y, cuando puedo, me escapo a un taller de madera. Porque incluso en un mundo cada vez más digital, crear algo con las manos sigue teniendo sentido.